¿Qué es la «soberanía digital» y su creciente importancia?

Qué es la “soberanía digital” y por qué gana peso

La soberanía digital alude a la facultad de un Estado, una comunidad o una organización para gestionar, resguardar y decidir de manera autónoma sobre sus datos, su infraestructura, sus tecnologías y las reglas que rigen su ámbito digital. No se limita únicamente a poseer físicamente servidores; también abarca marcos jurídicos, selección de proveedores y definición de estándares técnicos que garanticen independencia, protección y coherencia con principios políticos y sociales. Se trata de un concepto amplio que pretende minimizar dependencias críticas, salvaguardar derechos y fortalecer la resiliencia frente a riesgos externos.

Dimensiones de la soberanía digital

  • Datos: quién recopila, dónde se almacenan, quién puede acceder y con qué propósitos. Incluye decisiones sobre localización, anonimización y gobernanza de datos.
  • Infraestructura: centros de datos, redes (incluidos cables submarinos), servidores en la nube, puntos de intercambio de internet y equipos de telecomunicaciones.
  • Tecnología y capacidades: diseño y producción de semiconductores, hardware crítico, software esencial, algoritmos y modelos de inteligencia artificial.
  • Reglas y derecho: leyes de protección de datos, ciberseguridad, regulación de plataformas, contratación pública y normas de interoperabilidad.
  • Economía digital: ecosistemas empresariales locales, proveedores nacionales, cadenas de suministro y capacidad de innovación.
  • Cultura y habilidades: formación de talento, alfabetización digital y conciencia ciudadana sobre privacidad y seguridad.

Por qué la soberanía digital está ganando peso

  • Geopolítica y competencia estratégica: la tecnología se ha convertido en un elemento clave de poder, y los Estados procuran asegurar autonomía frente a sanciones, presiones coercitivas o posibles prácticas de espionaje.
  • Revelaciones y pérdida de confianza: diversas filtraciones sobre vigilancia y accesos extraterritoriales incrementaron el interés por reforzar el control de datos y servicios.
  • Ciberataques y resiliencia operativa: la creciente frecuencia de incidentes —ransomware, intrusiones en cadenas de suministro y sabotajes a infraestructuras— impulsa la necesidad de minimizar dependencias y evitar fallos críticos.
  • Concentración de mercado: la fuerte presencia de un número limitado de proveedores globales de nube y plataformas genera preocupaciones por la dependencia económica y tecnológica.
  • Regulación protectora y derechos digitales: las normativas de privacidad y las nuevas obligaciones para servicios digitales requieren mayores niveles de supervisión y claridad.
  • Inteligencia artificial y datos sensibles: el valor estratégico que adquieren los datos para entrenar modelos y la intención de consolidar una IA propia motivan políticas específicas de resguardo y acceso a la información.
  • Impacto de interrupciones internacionales: tensiones políticas, sanciones o fallas en cadenas de suministro demuestran la importancia de contar con capacidades internas que sostengan servicios esenciales.

Contextos y ejemplos relevantes

  • Unión Europea: el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) redefinió la gestión de información; propuestas como la regulación de inteligencia artificial y las normas de servicios digitales avanzan hacia controles reforzados y pautas unificadas. El proyecto GAIA‑X, respaldado por Francia y Alemania, pretende consolidar una red federada de servicios en la nube que resulte soberana e interoperable.
  • Rusia: desde mediados de la década anterior se aplican disposiciones de localización que exigen que los datos personales de ciudadanos rusos permanezcan almacenados en servidores situados dentro del país.
  • China: la legislación sobre ciberseguridad y protección de datos impone regulaciones estrictas al intercambio internacional de información y establece obligaciones para empresas tanto nacionales como extranjeras.
  • India: ha impulsado exigencias sectoriales de localización, sobre todo en pagos y servicios digitales sensibles, además de mantener en discusión una normativa nacional de protección de datos.
  • Brasil: la Ley General de Protección de Datos (LGPD) incorporó marcos cercanos a los europeos y favoreció debates sobre la soberanía tecnológica en la región.
  • Redes y cables submarinos: más del 95% del tráfico intercontinental de internet circula por cables submarinos; su resguardo y administración se consideran elementos estratégicos en las discusiones sobre soberanía infraestructural.

Beneficios y riesgos de buscar soberanía digital

  • Beneficios: brinda una protección más firme de los derechos individuales, incrementa la resiliencia ante posibles fallos, favorece la puesta en marcha de políticas públicas coherentes, disminuye la exposición a sanciones y labores de espionaje, y estimula la economía local al impulsar la creación de empleo especializado.
  • Riesgos y costos: puede acentuar la fragmentación del entorno digital, aumentar los desembolsos por la necesidad de infraestructuras paralelas, limitar la innovación al restringir el alcance de los mercados y promover dinámicas proteccionistas que entorpecen el intercambio de servicios digitales.

Medidas concretas orientadas a fortalecer la soberanía digital

  • Invertir en infraestructura estratégica: abarca la creación de centros de datos, redes con cobertura nacional, nodos de intercambio y despliegues de cableado tanto dentro del país como en regiones vecinas.
  • Apoyar producción de componentes: fomentar el desarrollo local de semiconductores y hardware clave mediante incentivos, alianzas público‑privadas y proyectos de investigación aplicada.
  • Impulsar estándares abiertos e interoperabilidad: impulsar protocolos que permitan trasladar información con facilidad y disminuyan la dependencia de sistemas propietarios.
  • Fortalecer marcos legales: definir regulaciones claras para la protección de datos, la ciberseguridad, el acceso legítimo a la información y los resguardos frente a solicitudes externas.
  • Políticas de contratación pública: priorizar proveedores que cumplan requisitos de seguridad y soberanía sin caer en un proteccionismo excesivo.
  • Formación y retención de talento: crear planes que promuevan la preparación de expertos en ciberseguridad, análisis de datos y diseño de sistemas críticos.
  • Modelos de gobernanza de datos: establecer entidades intermedias —como administradores o fondos de datos— responsables de gestionar el acceso y uso con transparencia y procesos de auditoría adecuados.
  • Cooperación internacional: coordinar pactos multilaterales sobre estándares, interoperabilidad y respuesta a incidentes para reducir la fragmentación del espacio digital.

Señales prácticas para evaluar el avance

  • Proporción de información sensible resguardada dentro del país o en plataformas con certificaciones reconocidas.
  • Cantidad y dimensión de los centros de datos nacionales junto con sus puntos de interconexión.
  • Intervención de compañías nacionales en sectores esenciales como la nube, servicios críticos o producción de componentes.
  • Grado de adherencia a normativas de protección y ciberseguridad, incluyendo auditorías y procesos de certificación.
  • Potencial de investigación y desarrollo en ámbitos tecnológicos estratégicos, considerando patentes e inversión tanto pública como privada.

La búsqueda de una auténtica soberanía digital nace de la convergencia de múltiples factores, entre ellos las tensiones geopolíticas, la concentración del dominio tecnológico, el aumento de las exigencias sociales de privacidad y la necesidad de proteger servicios esenciales en situaciones de crisis. Para avanzar, se requiere equilibrar autonomía y apertura, preservando derechos y solidez institucional sin cerrar mercados ni frenar la innovación. Un camino eficaz combina inversión en infraestructura, marcos regulatorios firmes, estándares abiertos y cooperación internacional; solo mediante esta articulación la soberanía digital puede transformarse en una capacidad tangible —técnica, económica y democrática— capaz de conducir la evolución del ecosistema digital.

By Diana C. Palmar

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