¿Se puede revocar el Premio Nobel de Paz? El gesto de Machado y Trump desata polémica

¿Se puede revocar el Premio Nobel de Paz? El gesto de Machado y Trump desata polémica

La acción simbólica que recientemente llevó a cabo María Corina Machado en Washington volvió a encender la discusión sobre los límites, el alcance y las normas que rigen el Premio Nobel de la Paz. Al margen de la controversia política, este hecho planteó una cuestión jurídica e histórica puntual: ¿es posible que un Nobel se anule o se transfiera?

La visita de la líder opositora venezolana María Corina Machado a la Casa Blanca generó una ola de reacciones internacionales tras hacerse pública una imagen en la que aparece entregando la medalla de su Premio Nobel de la Paz al expresidente estadounidense Donald Trump. La fotografía, difundida por el propio Trump en sus redes sociales, fue acompañada por un mensaje en el que afirmaba haber recibido el galardón, lo que provocó confusión y críticas, especialmente en Europa.

Horas antes de que la imagen circulara ampliamente, el Centro Nobel de la Paz emitió un mensaje inusual en sus canales oficiales. Sin mencionar nombres propios, la institución recordó que una medalla puede cambiar de manos, pero que el reconocimiento como Premio Nobel de la Paz es personal, intransferible y permanente. La aclaración, aunque general, fue interpretada como una respuesta directa al gesto realizado en Washington.

Lo que la Fundación Nobel estipula de forma oficial acerca de los premios

El marco jurídico que sustenta los Premios Nobel deriva del testamento de Alfred Nobel y de los Estatutos de la Fundación Nobel, documentos que establecen con claridad los parámetros de adjudicación y las responsabilidades de los comités que gestionan cada galardón, y dentro de esa normativa no se contempla ninguna regla que autorice anular, revocar o retirar un premio una vez otorgado.

La propia Fundación Nobel ha sido categórica al respecto en diversas publicaciones oficiales: no hay mecanismo legal ni estatutario que contemple la revocación de un Premio Nobel, incluido el de la Paz. Las decisiones adoptadas por los comités son definitivas y no admiten recurso alguno, una vez que el fallo ha sido anunciado y el premio otorgado.

A lo largo de la historia del Nobel, este principio se ha repetido en numerosas ocasiones, sobre todo cuando ciertas decisiones despertaron polémicas públicas o dudas éticas. En cada situación, la postura institucional se ha mantenido invariable: el premio no puede anularse de ningún modo.

El alcance del gesto y la postura del Comité Noruego

Tras la circulación de la imagen, el Comité Noruego del Nobel —encargado únicamente de otorgar el Premio Nobel de la Paz— optó por no ofrecer comentarios acerca de las razones o posibles lecturas políticas del gesto. Conforme a su línea de actuación habitual, el Comité se restringe a examinar las postulaciones hasta el momento en que se elige al ganador de cada edición, sin participar después en las acciones, pronunciamientos o manifestaciones de quienes resultan distinguidos.

Esta posición se inscribe en una tradición histórica de neutralidad institucional, donde el Comité no respalda ni censura las acciones posteriores de quienes obtienen el premio, ni juzga el valor simbólico que estos puedan atribuir a la medalla o al reconocimiento. Su labor se da por finalizada en el momento en que el galardón queda oficialmente otorgado.

Sin embargo, el hecho de que el Centro Nobel de la Paz haya emitido dos aclaraciones públicas en un corto periodo de tiempo fue interpretado por observadores internacionales como una señal de que el episodio se salió de los márgenes habituales. No por el riesgo de una revocación —que es jurídicamente imposible— sino por la confusión pública generada en torno al significado del premio.

Debate público y respuestas políticas en Noruega

Fuera del ámbito estrictamente institucional, la reacción en Noruega fue inmediata y mayoritariamente crítica. Representantes de distintos partidos políticos expresaron su rechazo al gesto, subrayando que la entrega física de la medalla no implica, bajo ningún concepto, la transferencia del reconocimiento.

Diversas voces del arco político noruego coincidieron en afirmar que la acción carece de validez jurídica y podría inducir a error a la opinión pública internacional. Desde esta óptica, el inconveniente no se encuentra en el intercambio simbólico de un objeto, sino en la interpretación que pueda suscitarse a partir de él, especialmente cuando se comunica sin el debido contexto.

Las críticas apuntaron también a la necesidad de preservar la credibilidad y el significado histórico del Premio Nobel de la Paz, considerado uno de los reconocimientos internacionales más relevantes en materia de derechos humanos, resolución de conflictos y promoción de la paz.

Un galardón rodeado de controversias, aunque jamás sujeto a retirarse

Durante más de cien años de trayectoria, los Premios Nobel han suscitado polémicas, discusiones públicas y decisiones puestas en duda, aunque ninguno de esos momentos ha terminado por provocar la revocación oficial de un premio.

Existen precedentes de galardonados que rechazaron el premio o que intentaron devolverlo, pero en todos los casos el título permaneció vinculado a la persona originalmente seleccionada. El Nobel no funciona como una distinción condicional ni sujeta a evaluación posterior; es un reconocimiento definitivo a una trayectoria o a una acción específica en un contexto determinado.

Uno de los episodios más mencionados es el del Premio Nobel de la Paz de 1973, entregado de manera conjunta a Henry Kissinger y Le Duc Tho gracias a los Acuerdos de Paz de París. En plena prolongación del conflicto en Vietnam, Le Duc Tho optó por rechazar el premio, señalando que la paz aún no se había concretado. A pesar de ello, su nombre permanece registrado oficialmente como uno de los galardonados.

Kissinger, por su parte, expresó su intención de devolver el premio ante la escalada de violencia posterior, pero el Comité Nobel respondió que la devolución no era posible. El reconocimiento, una vez concedido, no puede anularse ni siquiera por voluntad del propio galardonado.

Renuncias, negativas y discusiones éticas en distintos premios Nobel

Diversas figuras han rehusado el Premio Nobel más allá del campo de la paz. En literatura, Jean-Paul Sartre rechazó el galardón en 1964 por motivos ideológicos, mientras que Boris Pasternak fue forzado a renunciar a él en 1958 debido a la presión política ejercida por la Unión Soviética. En ambos episodios, la Fundación Nobel conservó sus nombres dentro de los registros oficiales de premiados.

Desde el punto de vista estatutario, si un premio no es reclamado antes de una fecha límite establecida, únicamente el componente económico regresa a los fondos de la Fundación. El título honorífico, sin embargo, permanece intacto y forma parte del legado histórico del Nobel.

También existen premios que, con el paso del tiempo, han sido objeto de fuertes cuestionamientos éticos o científicos. Un ejemplo recurrente es el del neurólogo portugués António Egas Moniz, ganador del Nobel de Medicina en 1949 por el desarrollo de la lobotomía prefrontal, una práctica hoy ampliamente rechazada. A pesar de ello, el premio nunca fue retirado ni revisado.

El significado real del Nobel más allá del objeto físico

La confusión provocada por el gesto de María Corina Machado deja al descubierto una distinción esencial: el Premio Nobel va mucho más allá de una medalla o un diploma, pues constituye un reconocimiento institucional, histórico y personal que no puede trasladarse mediante gestos simbólicos ni acciones políticas.

La medalla puede pasar de un poseedor a otro como pieza tangible, pero la condición de laureado permanece intacta; desde la perspectiva legal e histórica, el Nobel de la Paz continúa siendo propiedad exclusiva de quien haya sido distinguido por el Comité Noruego en el año correspondiente.

Este principio es clave para entender por qué, más allá de la polémica mediática y política, no existe ninguna posibilidad de que el premio sea revocado, transferido o reinterpretado oficialmente.

Un episodio simbólico sin consecuencias legales

Desde un enfoque plenamente normativo, el incidente no modifica en lo más mínimo la condición del Premio Nobel de la Paz. Donald Trump no pasa a ser galardonado por haber recibido la medalla, ni María Corina Machado ve afectada su distinción por haberla entregado.

La controversia, en consecuencia, se desplaza hacia el ámbito de la opinión pública, la estrategia comunicativa en política y la dimensión simbólica asociada a los premios internacionales, mientras que para la Fundación Nobel y el Comité Noruego el asunto no establece precedente alguno ni altera las normas vigentes.

El debate suscitado por este gesto sirve como recordatorio de la naturaleza del Premio Nobel de la Paz: un reconocimiento irrevocable, personal e intransferible, cuya validez no depende de acciones posteriores ni de interpretaciones políticas circunstanciales. Más allá del ruido mediático, las normas que rigen el Nobel siguen siendo claras, firmes y coherentes con una tradición de más de 120 años.

By Diana C. Palmar

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